martes, 2 de marzo de 2010

De buen rollo...

5 comentarios:

  1. Está claro que colocas en la cima de la perversidad humana a los publicistas, aunque no tengo muy claro que ellos sean los más se benefician de este sistema. Más bien, un engranaje más, pero no menos pernicioso que cualquiera... Esto es, una vez asumimos que lo que rige es el capitalismo, la publicidad no es más que una de las consecuencias inevitables y por eso no me parece peor que la bolsa con sus brokers, los productos perecederos, el consumismo, los directivos "competentes" y demás.
    ¿Por qué esa fijación?

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  2. Verás, no los coloco en la cima… forman parte de la cima. Tengo una máxima –por suerte o desgracia- que estoy dispuesto a argumentar cuando sea menester: la publicidad es el proxenetismo ejercido sobre la sociedad actual. Por extensión, el publicista es el proxeneta. El cliente el anunciante y la mesalina explotada sería la ameba-media-lobotomizada-frente-al-televisor (o X).
    Tienes mucha razón en tu comentario, sin embargo no es menos cierto que ninguno de los ardides de quienes comentas darían resultado sin el proxeneta adecuado… el ciudadano medio se guiaría en base a otros criterios… ¿más honestos?... ¡quién sabe!
    Para más inri, la publicidad en este país es el acabose… cualquier persona de fuera podrá corroborar: cómo se puede aguantar hora y media de anuncios en cada película?... es demencial. Solo refleja el carácter de la sociedad en la que vivimos: meramente especulativa. Gran parte de la viabilidad de infinidad de empresas, actualmente, se basa exclusivamente en el uso de publicidad… por tanto, el sistema deja mucho que desear.
    Pero supongo que la visceralidad me viene por el hecho de sentirme bombardeado… debería tener la capacidad de elegir poder serlo o no… creo que eso sería lo mínimo. Bravo por rtve este año. En cualquier caso creo que lo que me enciende sobre manera es cuando igualan arte con publicidad… ya sabes… las típicas frases ‘la publicidad es un arte’… Supongo que eso solo lo puede decir un publicista y JAMÁS un artista. El publicista tiene que vender la moto… incluso la suya propia. Por definición la publicidad es vender (…¿aire?... pues aire!)… otro problema no menos grave es la delgada línea que separa la publicidad de la propaganda (gabinetes de imagen de partidos políticos, etc.).
    ¿Y los gabinetes de sicólogos de las grandes compañías publicitarias?... buf… tendría conversación en esto para rato… son los grandes proxenetas de la ciudadanía actual: el nexo entre las estructuras y la ciudadanía… el gel lubricante Johnson’s con el que poder alienar y vender lo que sea… en la actualidad el instrumento de alienación por excelencia… una puta basura vamos. (Y tengo amigos publicistas) Necesitan ‘creer’ en lo que hacen… porque lo que hacen es una puta basura (desde mi punto de vista, claro).
    La publicidad… esa ‘amiga de los niños’… :p Siempre que aparezca publicidad en algún lugar… algo pasa… algo se vende… suele indicar que detrás debe haber mierda. (suele… no siempre).
    En cualquier caso agradezco tu comentario y reconozco que el plumero se me ve a la legua. Lo hablo con los mismos publicistas y, en la medida de lo posible, procuro hacerlo sin acritud alguna. Pero la verdad es que los cabrones lo ponen difícil de narices; son la posición más ingrata… funcionan de bisagra o puente entre la maldad empresarial y la ciudadanía. (:p joe… será mejor que termine ya nooo? Jajajja!)
    Gracias por el comentario!

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  3. Mh... yo diría que el publicista tampoco podría hacer lo que hace, sin todos los demás. Es más, su ejercicio es resultado de que los demás quieran vender más, aumentar sus beneficios indefinidamente, etcétera, esto es: el resultado de la creencia absurda de que el objetivo último y más importante es seguir creciendo indefinidamente (no ser más felices, ni vivir mejor). Una vez aceptada esa creencia (y aceptada por todos, incluso por el currito mileurista que sueña con tener 5 ferraris), todo es igual de válido, todo es un engranaje necesario. No se puede quitar la publicidad sin destruir el sistema.

    Lo más grave: la publicidad infantil, sin duda. Los niños sí que no pueden elegir, no saben lo que están viendo. Pero ¿tú o yo?, ¿un adulto?: apaga la tele. Si tenemos ese ocio de forma "gratuita" es a costa de vendernos como espectadores. La tarifa la eligen ellos, aunque sea abusiva (media hora por película o lo que sea), pero en tal caso, no "compres" su ocio. Sólo la tv pública pude permitirse no vendernos porque se entiende que "tenemos derecho" a """un canal de información""". En ese sentido, ya era hora de que quitasen la publicidad.

    En cuanto a la publicidad y el arte... bueno, habría 1500 kilos de tela que cortar. El tema es que yo no creo que el arte sea siempre un valor positivo. Es una herramienta de cohesión social, una forma de mantener el statu quo. De hecho, desde mi punto de vista, casi todas las corrientes artísticas dominantes han sido una forma de propaganda "cultural", defensora por tanto, de las clases que lo pagaban. Cuando Felipe II quiso instalar la contrarreforma, una de las primeras consecuencias fue el arte barroco: sangriendo, explícito, literalmente ACOJONANTE (véase: "no se te ocurra no creer en el dios de los católicos o te vas a cagar"). La pintura del XIX idealiza el modo de vida burgués y sus posesiones. El cine norteamericano es la forma más efectiva de extender su imperio y sus valores... vale que la publicidad venda estos valores (consumismo, ansias de poseer, machismo) de una forma mucho más obscena, pero... sinceramente, no sabría dónde poner la frontera.

    Personalmente, aborrezco la propaganda, claro, porque aborrezco el sistema de la que es producto. Pero me parece un síntoma, no la enfermedad.

    Etc. De los 1500 kilos quedan 1499. Con un café delante estos debates se llevan mejor ;). A lo mejor publico algo de esto por el blog.

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  4. Sí, eso está claro. El publicista existe porque existen aves de rapiña… en caso contrario, evidentemente, el publicista quizá hubiese dedicado su hipotético potencial a cosas de más enjundia. En cualquier caso, dicha circunstancia no es óbice para que se le otorgue su pequeña cuota de responsabilidad; al fin y al cabo, son los que elaboran la vaselina con la que embutir simbólicos falos con el fin de hipertrofiar ‘hígados’ y hacer ‘paté de ciudadanito de a pie’ ;p. Son imprescindibles en el proceso de alienación del personal vamos.
    Un ejercicio interesante sería el siguiente. Estoy de acuerdo con eso de que tú y yo podemos apagar la televisión… ahora bien… cada cosa en su sitio. Propongo el siguiente experimento:
    Queremos sopesar el peso de la carga publicitaria sobre la ciudadanía española en la actualidad. Para ello, hemos decidido colocar unos electrodos intra-cutáneos en el escroto de alguna personalidad… cualquiera serviría (sin acritud, claro está): Ramonzón, el Rey de España, Teddy Bautista, Rouco Varela, Zapatero, Rajoy, Espeto (en este caso habría que considerar el detalle de la zona escrotal)… en fin… quién se quiera. Yo en este caso, y por simpatía personal, aprovecharía el viaje del sumo pontífice a España en unos meses y utilizaría su escroto para el experimento (a pesar de no ser español, dicha circunstancia para el análisis que llevaremos a cabo será irrelevante).
    Sometemos al individuo a un visionado ininterrumpido de televisión (ahora mismo no valdría la pública); siempre que aparezca una impresión o emisión de símbolo alguno (ya sea imagen o sonido) cuyo objeto sea su difusión publicitaria, el conejo del experimento (en este caso el pontífice) recibe una descarga eléctrica continuada durante el tiempo que dure la impresión –o emisión auditiva- en pantalla; así, durante 24 horas (muy al estilo Clockwork Orange) se tantearía de una manera más eficaz la asimilación o percepción de la publicidad que recibe un cerebro a lo largo de un día.
    Al día siguiente (si éste siguiera vivo), el sujeto habría ganado un derecho en el experimento: tendría la capacidad de evitar la descarga siempre que identificara a tiempo una impresión en pantalla… se le facilitaría un dispositivo –un botón- que aliviaría su zona escrotal salvándose de una nueva descarga. Ahora bien, si la publicidad que apareciese fuese subliminal y éste no la captare, recibiría su correspondiente descarga (de modo continuado hasta la desaparición de la misma en pantalla, como forma de penalización).
    Como resultado, opino que se obtendría un cadáver.
    Por tanto, y a modo de conclusión, yo invitaría a pensar que toda impresión publicitaría podría ser semejante a una descarga eléctrica en los huevos; al final del día estaríamos todos muertos dada la cantidad de mensajes (visibles o invisibles) que se nos embuten por todas las vías al final del día.
    ¿Somos libres para ver la televisión? Claro… pero cuidado… con matices. Libres hasta un cierto punto. Yo mismo tengo la mayoría de canales desintonizados en mi televisor desde hace tres o cuatro años (canales que no necesito ni haciendo un zapping); en el momento en que un informativo emite publicidad, esa cadena firma su sentencia de muerte. Por tanto, soy libre de borrar esos canales? Desde luego… tanto que lo he hecho hace la tira. Ahora bien… cualquier segundo es bueno para embutirte algún ‘consejito’ publicitario. Basta con asociarlo con una descarga en los huevos y la cosa se percibe más fácilmente. Yo… así lo creo vamos.
    De todos modos, voy a colgar ahora mismo un pequeño vídeo que creo recordar ya metí en algún comentario en vuestra web… creo que sintetiza muy bien una realidad… Bill Hicks… grande donde los haya… hablando de marketing y publicistas… qué grande era este hombre.
    Pd.- 1498 kilos de tela por cortar. Ese tipo de cafés con debate incluido son de los que merecen consideración y desplazamiento, estoy de acuerdo. Ahora bien… yo pediría alguna infusión relajante… tila, por ejemplo, después de tanta descarga en los huevos suelo terminar el día… algo quejumbroso…. Jajajja!

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