viernes, 28 de septiembre de 2012

España, camina o revienta




Mejor revienta. Dame el placer de ver cómo escupes sangre por la boca, al buen estilo patrio. Torear a tus ciudadanos acaba inexorablemente con el estoque y el vómito rojo... vomita pues. Quiero verlo y disfrutarlo. Esa castuza torera, que tanto te ha toreado... esa castuza de raza, con toreo, con señorío... esa castuza que te ha ido afilando la cornamenta milímetro a milímetro... está deseando jugarse la suerte al filo de tus pitones. Ve a por la taleguilla... recibe el estoque vomitando, y con el pitón en la taleguilla, no lo olvides.

Todos unos señores... todos unos toreros... todos hipotecados. Listos.

Ahora eso sí, al final resulta que te vas a tener que enfrentar a tus miserias, a tus cuentas por resolver, al polvo que has escondido debajo de la alfombra... a tu hipocresía, a tu funesta realidad, a tus mentiras, a tus castas, a tus frustraciones, a tus miedos, a tus desigualdades, a tus injusticias, a tu quiero-y-no-puedo, a tu naturaleza, a tu historia irresoluta. Acuérdate de la taleguilla empitonada, que no quede ni un solo calzón intacto.

Sal del ruedo... ¿no ves que ahí es dónde te torean? Ve a tus cosas, a tu vida... sal de la arena, abandona los tercios, sal del sol, no te quedes ni en las tablas si es posible... ¡¡abandona la plaza!! Vete a casa coño... ocúpate de lo que verdaderamente será importante para ti a partir de ahora, tus necesidades más primarias, tu familia, tus amigos, tu entorno... olvídate de la plaza... es un espejismo, no merece la pena. No sirve más que para torearte, ¡¡no lo ves!! Al toro no lo torean si no son capaces de meterlo en el toril, y mucho menos si ni llega a entrar en la plaza... y tú te has metido convencida, sumisa y con letras a treinta años en el mejor de los casos. Ingenua, inocente... ¿pensaste que el traje de luces era el qué? Evidentemente, nada más que eso... luces y destellos para embaucarte y meterte en el toril, para finalmente conseguir que vomites sangre, conseguir que el músculo de tus cuartos traseros se debilite, pierda fuerza, pierda masa muscular... e incluso desaparezca.

Ni cuartos traseros, ni hechuras nobles, ni porte egregio... ni alta, ni media, ni baja clase... te vas a quedar en los huesos, España... y quedarás como mereces, pasada por el taxidermista y colgada de un trozo de madera luciendo cornamenta en alguna pared. Así... como tú sola has querido, como tú sola has permitido. Has tenido décadas para ir saliendo de la plaza. Tú sabrás. Si te gusta que te toreen es cosa tuya.

Recuerda en qué consiste tu naturaleza torera: burlar y putear al morlaco incansablemente... de aquí para allá... cambiando de tercio: el de varas, el de banderillas... el de muerte. Finalmente se hinca el frío metal del estoque, esa suerte final, cuando el toro ya esté cansado, dolorido y con la sangre brotando a borbotón. ESA es tu naturaleza, y no otra. ¿Te gustaría que el torero tuviese más pericia y fuese capaz de acabar contigo de una sola estocada? Sí claro... te entiendo... pero recuerda que la habilidad que encuentras en el toreo, no la encontrarás en un político dentro de un hemiciclo... en ambos ruedos se torea... no con la misma pericia, pero sí con la misma suerte.

Te han mal clavado el estoque, hasta la mitad... y el público se ha cabreado... ¡normal! Estos toreros de ahora... que ni clavar un estoque saben!! Mira... ¿escuchas?... el público, el tendido ruge, está silbando... ¡qué algarabía! Qué indignación... ¡¡qué torero más torpe!! Dicen que pierden la confianza en él... qué cosas!! El estoque debe deslizarse hasta el fondo, que te atraviese bien las vértebras para acabar muy cerca de tu corazón. Y nada oye... este pusilánime torpón no es capaz de darte tu merecida suerte. Muere... y vomita sangre. Eso sí... hazlo lentamente, poco a poco y respetando el procedimiento habitual: varas, banderillas, muerte. Disfruta de cómo te torean... recuerda que estos torerillos de poca monta te los has brindado muy dignamente tú misma: están los del traje de luces azul, y los del traje de luces rojo... luego también tienes a los banderilleros con trajes de luces de otros colores, pero que están ahí solo para picarte un poco... cansarte... desgastarte.

¿Ves ese capote que oscila delante de ti? Derecha... izquierda... derecha... izquierda... derecha... izquierda... Ve a por él... detrás te espera la muerte, a ver si así descansas de una puta vez.

¡Cómo carga el morlaco! ¡Cómo bufa en cada embiste! Abarrotada está la plaza... y ahí te van toreando... derecha... izquierda... derecha... izquierda... derecha... ¡OLÉ! ¡OLÉ EL ARTE ESPAÑOL! ¡Torero! ¡Con qué arte burla al bicho, cómo lo engaña, cómo lo lleva a donde quiere! Arte, mucho arte. El desjarrete de la canalla... ahí lo tenéis!! Olé, olé y olé! Delante de ti toda la canalla al completo, esa oscura y obscena caterva de figuras siniestras que te putea a derecha e izquierda... ¡eh toro! ¡toro! ¡eh! Siente el deslizar del capote sobre la arena... mira cómo te burla, cómo te engaña.

Siente cómo el tendido disfruta de tu vómito de sangre, de cómo te baña el lomo esa truculenta humedad roja... míralos, saboreando el Lancero en sus labios... ¡no lo saben ni encender! Pero disfrutan viéndote vomitar sangre. Paradojas de la vida. Esos mismos que lo mismo llevan al taxidermista una jirafa, como que plantan un Miró en su baño... para poder cagar con gracia. No te lleves a engaño... en concreto esos, cuando te reciben en el ruedo, lo hacen a puerta gayola... van de banquillo en banquillo y lleno el bolsillo. Son los dueños de la corrida vaya... se corren de un banquillo a otro para demostrarte que ellos tienen sombra en el tendido, y a ti te toca morir vomitando sangre para su disfrute y entretenimiento. Angelitos.


Querría decir que te compadezco... pero no lo hago. Creo que tienes lo que te mereces. A mi ya me han toreado... ya pasé por el mismo sitio en el que estás ahora... han toreado a mis familiares, a mis amigos, a mis conocidos. Tú has sido testigo de esto, lo has visto una y mil veces; no te lo echo en cara, a cada cual su vida y su suerte... Pero aquí se han jugado muchas suertes, y tú te has hecho la sueca. Sencillamente te recuerdo que pudiste haberte puesto a cubierto o salir de la plaza cuando viste nuestras barbas pelar... y nada... totalmente ciega. Ahora tienes lo que te mereces. Y me alegro, porque está visto que contigo no hay otra manera de madurar. Maduras a base de estoque, por desgracia. Qué naturaleza más frustrante la tuya... emanas Arte por todos tus rincones y, sin embargo, tu presente ha de mostrarse siempre miserable... eternamente incapaz de reconocer lo que tienes cuando lo tienes, eternamente destinada a reconocerlo cuando lo pierdes. Si no te quisiéramos, darían ganas de mandarte a la mierda.

Ya solo queda la esperanza de verte morir... lúgubre opción con una única ventaja: tendrás que volver a nacer... ¿hay acaso mayor esperanza que esa en este momento? Pero muere coño... muere de una vez... o entonces sal de la plaza y deja a los torerillos compuestos y sin toro!! Pero no sigas saliendo al ruedo como si tal cosa, porque el del capote es torpe y te va a clavar el estoque varias veces más antes de darte muerte. Si al final la suerte va a ser la misma... ¿a qué esperas mujer? ¿para qué prolongar el sufrimiento?

¡¡MARCHATE DE LA PLAZA!! Recuerda que en esta plaza eres tú la que entra o sale de ella. Al final, vas a tener más suerte tú que el toro... porque éste se queda encerrado en la plaza, y tú acudes a ella por alienación pura y dura. Es tu espejismo cotidiano. Aún crees en ella. Despierta anda... por la cuenta que te trae. No confíes en la pericia del torero... el público de fuera se impacienta y le pone nervioso, te va a meter malas estocadas constantemente. Ojalá te diese la estocada final!! Así acababas de una vez con la prolongación del sufrimiento. Pero, hasta entonces... uno no torea si el toro no se deja... de modo que, espabila un poco y ve a tus cosas anda. Por favor. Estos toreros, banderilleros, picadores, más toda su correspondiente corte y prole, que se pudran en el infierno... allí, rebozados en sangre y arena.

Salta al tendido sobre aquellos del Lancero en los labios, si es que te divierte verlos bufar, o siéntate observando en la sombra. Pero sal de ahí. Hazlo tranquilamente, sin aspavientos ni mugidos ¿para qué? El toro manso es el más peligroso, en el fondo nunca se sabe qué planea... si va o viene... si entra al capote, o directo a la taleguilla. Camina, no corras... ¿tienes prisa? ¿para recibir el estoque? ¿para que te piquen?

Mira ese caballo con sus protecciones delante de ti, ¿has visto cómo le han tapado los ojos? No sabe ni quién eres, no te conoce... sin embargo se te acerca basculando, con el pecho y vientre bien protegidos; sobre él, el picador... con una buena lanza. El caballo no te ve, pero te siente... y tu presencia se la pone dura, ¡está erecto el cabrón del percherón! Tiene los ojos tapados pero sabe que te van a llover hostias... es su trabajo. La responsabilidad es del picador... a él que no le digan nada, está exento de toda responsabilidad, cumple con su deber -picador dixit-. El pecho protegido y los ojos bien tapados... y a disfrutar de la erección. De un país cainita solo puedes esperar corridas cainitas... el caballo también es animal, como tú, pero si puede te lo pondrá difícil con el picador... a ver qué toro es capaz de alcanzar con su cornamenta la taleguilla de un picador montado a caballo... ¡así cualquiera! Que baje de ahí... a ver si le duran mucho tiempo los huevos intactos. Valiente. Protegiéndose a lomos de un caballo con los ojos tapados: Olé la gallardía española!

España... camina o revienta, pero no te quedes ahí.

Pierre Arnaud

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